Hacia un modelo circular en la industria textil
Hacia un modelo circular en la industria textil

La industria textil es el cuarto sector más contaminante de la Unión Europea, donde se desechan 5,8 millones de toneladas de ropa cada año, y la tercera con un mayor uso de agua.

Nada más en España, la cifra de ropa desechada asciende a 900.000 toneladas/año, de la que el 88% acaba incinerado o en vertederos, según el informe Análisis de la recogida de la ropa usada en España. Tan solo el 12% restante acaba en contenedores de ropa para ser trasladado a plantas de selección donde se reciclan.

Una situación que responde al modelo de negocio del fast fashion instaurado en nuestra sociedad y que nos lleva a consumir por encima de nuestras necesidades: la fácil adquisición de prendas de tendencia, económicas y de baja calidad, que nos lleva a una espiral de compra y renovación continua.

Un modelo de negocio cuyas redes de fabricación y distribución internacional son responsables del 10% de las emisiones globales de CO2, además de un consumo para la confección de prendas superior a los 100 millones de toneladas de petróleo.

A este impacto medioambiental y energético hay que sumarle el impacto social. La moda fast fashion implica vender a bajo coste, lo que exige fabricar a costes aún más reducidos. Esto lleva a la instalación de fábricas en países con salarios de los trabajadores muy bajos y donde no siempre se garantizan sus derechos.

La insostenibilidad de este modelo de negocio es evidente y debe cambiar. Y así se está exigiendo desde la UE, impulsando la transformación de la industria textil hacia un modelo circular.

 

Las normas europeas empujan a la circularidad del sector textil

Desde la UE el objetivo es claro: toda prenda que se comercialice en 2030 deberá ser duradera y sostenible. 

Para ello, en marzo de 2022, la UE estableció las claves de la reforma circular y sostenible de la industria bajo la estrategia EU Strategy for Textiles que se engloba en el Green Deal de la Unión Europea. Entre las medidas que plantea se incluyen la ampliación de la responsabilidad de las empresas productoras, exigir porcentaje mínimo de fibras recicladas, la introducción de un pasaporte digital de producto, minimizar la destrucción de productos textiles no vendidos o fomentar la circularidad.

Unas obligaciones que comienzan a ponerse en marcha. Así, la actual Ley 7/2022, de 8 de abril, de residuos y suelos contaminados para una economía circular, que transpuso algunas directivas europeas en este ámbito, aborda la problemática de los residuos textiles desde cuatros puntos:

  • Obliga a todos los municipios a disponer de un sistema de recogida de los residuos textiles antes del 31 de diciembre de 2024 (Artículo 25).
  • Prohíbe la destrucción o eliminación de excedentes no vendidos, destinándolos en primer lugar a canales de reutilización (Artículo 18).
  • Establece objetivos generales de preparación para la reutilización, en cuyo logro tendrán un papel importante los residuos textiles (Artículo 26).
  • Marca el desarrollo en el plazo de 3 años de un régimen de responsabilidad ampliada del productor para productos textiles (Disposición final séptima). Es decir, un Sistema Colectivo de Responsabilidad Ampliada del Productor (Scrap), para la recogida, gestión y transformación de los residuos.

 

Ante este empuje normativo y el auge de hábitos de consumo más respetuosos con el medio ambiente, la industria de la moda se enfrenta al reto de la economía circular.

 

Los retos de sostenibilidad y valorización de la ropa usada

Uno de los retos a los que se enfrenta la industria textil es a fabricar ropa más duradera, al tiempo que dar una segunda vida a las prendas que ya están en circulación.

Para esto último, las marcas de moda deberán implicarse en la recogida de prendas usadas en sus tiendas, no podrán tirar los excedentes y deberán crear consorcios para gestionar sus desechos. De hecho, los principales operadores ya están lanzando sus propios sistemas de venta de moda de segunda mano como una de las soluciones.

Además, los propios ayuntamientos deberán tener instalados para 2025 sistemas para la recogida separada de residuos textiles, por lo que aumentará el número de contenedores de ropa en las calles y se podrá depositar ropa usada en las propias tiendas de moda.

Esto supondrá un auge de la segunda mano textil, al llegar más prendas nuevas sin usar, a la vez que aumenta la recogida de la ropa usada. Un ejemplo que podemos ver en Moda re-, que dispone de 120 tiendas en 84 urbes españolas, pero además ha abierto 20 espacios de ropa usada en diferentes supermercados Alcampo, empresa que a su vez dona sus excedentes a Moda re-.

Por otra parte, también se está produciendo un cambio en la percepción de los tradicionales remiendos, la reparación, vistos hasta ahora como algo de pobres. Algunas empresas como Zara, por ejemplo, han lanzado servicios de reparación de sus prendas, venta entre particulares y donación, o programas similares.

En cuanto a la ropa que no se puede reutilizar, una de las opciones es su separación en hilos (hilaturas) para volver a reutilizarlos. Un proceso que puede ser por separación física o química. Algo que lleva a cabo, por ejemplo, Koopera.

Finalmente, alrededor de un 10% de los residuos textiles que no pueden ser reutilizados, ni reciclados, estarían destinados a su valorización energética por medio de la incineración.

Un porcentaje que deberá ser menor ante el desarrollo de diseños ecológicos, con productos más duraderos, reutilizables y reparables. Un objetivo que requerirá un esfuerzo por parte de las compañías del sector y financiación por parte de la UE.

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