Una de las tecnologías incluidas en el proceso de valorización energética de los residuos es la incineración, es decir la quema de los residuos.
La incineración se aplica a los residuos no reciclables con el objetivo de transformarlos en energía eléctrica, vapor o agua caliente y evitar su depósito en vertederos.
Su aplicación en Europa ha aumentado considerablemente en los últimos años, llegando, en 2019, a los 60 millones de toneladas anuales de residuos incinerados, con plantas que proporcionan energía a 18 millones de europeos y calor a otros 15 millones.
En cambio, en España el número de plantas incineradoras se limita a 11, que en 2019 trataron 2.504.443 toneladas de residuos no reciclables y produjeron 1.762.585 MWh de energía, suficiente para abastecer a aproximadamente medio millón viviendas.
Por otro lado, el país cuenta también con una de las tasas más altas de residuos depositados en vertedero, respecto del resto de Europa. Motivo por el cuál, se puede pensar que la estrategia de aumentar la incineración de residuos es aconsejable para resolver este problema en España.
Según la Asociación de Empresas de Valorización Energética de Residuos Urbanos (Aeversu), España debería duplicar el número de instalaciones incineradoras para alcanzar los objetivos de la UE en materia de residuos y reducir a un máximo del 10% el volumen de residuos enviados a vertedero.
Además, para la asociación, la valorización energética mediante incineración debe ser entendida como una parte esencial de la economía circular, necesaria para completar el ciclo de recuperación de residuos y su transformación en recursos.
Sin embargo, este proceso de valorización de los residuos tiene sus límites, los cuáles condicionaran su futuro como parte de la gestión circular de los residuos.
Los límites y eficiencia de la incineración
Los valores de emisiones reportados en 2018 por las incineradoras europeas (alrededor del 2% de las emisiones totales de CO2 de la UE) derivaron en la decisión, por parte de la Comisión Europea, de eliminar este proceso del proyecto sobre pautas de inversión verde (taxonomía de las finanzas sostenibles).
Esta decisión implica que este tipo de plantas de valorización no pueden recibir las ayudas designadas para proyectos beneficiosos para el medio ambiente.
Ahora bien, los estados miembros siguen siendo libres de financiar y encargar nuevas incineradoras, ya sea por su rentabilidad, gracias a las tarifas de eliminación de desechos y la venta de electricidad, como por su papel para la reducción de residuos que acaban en vertederos y, con ello, favoreciendo la reducción de emisiones de efecto invernadero.
Este último argumento se vería respaldado con los datos del análisis de la consultora G-Advisory, encargado por Aeversu, donde se indica que los vertederos emiten un 245% más de emisiones de gases contaminantes que la incineración de residuos.
Algo que hace suponer que desviar parte de la basura a incineradoras en países con bajas tasas de reciclaje podría suponer una reducción de emisiones equivalente a la contaminación anual de un parque automovilístico de 3,51 millones de vehículos.
Ahora bien, según un nuevo estudio publicado por Zero Waste Europe (ZWE), la eficiencia de la generación de electricidad de las instalaciones de incineración de residuos existentes en la UE es, en estos momentos, baja (alrededor del 20% en el mejor de los casos).
En lo que respecta a la generación de calor, aunque los datos son algo mejores, su rendimiento no llega a ser mejor que el de las calderas domésticas de gas y, en cuanto a las emisiones de CO2 no fósil de la incineración de residuos, éstas se duplican.
Con estos datos, este último informe evidencia que la incineración para obtener energía es un proceso muy ineficiente.
Esta baja eficiencia de generación de la incineración conduce a que las emisiones de gases de efecto invernadero por unidad de electricidad sean casi el doble de las asociadas con la generación de gas natural.
Es por esto que, Zero Waste Europe hace un llamado a la Comisión Europea en la próxima revisión de la Directiva Marco de Residuos a eliminar la fórmula R1 del anexo II de la Directiva marco sobre residuos para que la incineración de residuos municipales ya no pueda clasificarse como «valorización» sino, tan solo, como “eliminación”.
Del residuo al recurso: la gestión circular
En vista de la situación planteada para los procesos de incineración, el objetivo de reducción de los residuos debe trasladar su enfoque hacia el origen.
Un mejor diseño, una mejor producción o más material reciclable son algunas de las transformaciones que exige la Estrategia Europea de Economía Circular para reducir el volumen de desechos.
Así, uno de los aspectos que se quiere impulsar es el ecodiseño para que los productos, especialmente los envases, sean más duraderos, fiables, reutilizables, actualizables, reparables, más fáciles de mantener, reacondicionar y reciclar, además de ser más eficientes en términos de energía y recursos.
El objetivo final es mejorar significativamente la circularidad de los productos, su rendimiento energético y otros aspectos de sostenibilidad ambiental.
Cuando este producto se convierte en residuo, el siguiente paso de su gestión debe ser la recogida selectiva para proceder con el reciclaje.
Un reciclaje eficaz se fundamenta en una clasificación eficaz y eficiente que recupere materiales valiosos, minimice la cantidad de material enviado a los vertederos y permita revalorizar los residuos. Es por esto que la innovación continua en tecnologías de separación y clasificación es fundamental.
Esta innovación también debe estar presente en la última etapa de la gestión, el tratamiento.
En este caso, los avances tecnológicos se enfocan en el uso de residuos para desarrollar materiales de alto valor añadido y más sostenibles, lo que se conoce como upcycling.
Los avances en las tecnologías de upcycling permitirán que los residuos pasen a convertirse en materias primas viables para generar hidrógeno renovable u otros gases renovables, o combustibles de alta calidad, completando así la circularidad en su gestión.
Biorrefinerías para la valorización de subproductos orgánicos
Una de las tecnologías de upcycling en las que se está trabajando son los procesos de cascada, denominados biorrefinerías, como alternativa a la valorización de los subproductos orgánicos, más allá del compostaje o la incineración.
El objetivo de las biorrefinerías es la transformación de estos subproductos en bioproductos de alto valor añadido.
Las tres posibles formas de valorización de estos subproductos orgánicos serían:
- La producción de biogás y biometano a partir de subproductos biodegradables.
- La transformación de emisiones gaseosas en bioproductos de alto valor añadido.
- La producción de micro- y nanocelulosas a partir de subproductos lignocelulósicos.
La gestión de los residuos dirige su transformación hacia una mayor circularidad, dando mayor protagonismo a las medidas para reducir el volumen de residuos generados y a la innovación en tecnologías de tratamiento que permitan su transformación en productos de valor añadido. Así, procesos como la incineración, quedarán relegados en un futuro como última instancia a la eliminación, mientras no haya procesos de tratamiento alternativos.



